Respiración consciente para desbloquearse


Existen ciertas maneras de comportarse, ciertos modos de pensar, de sentir, de actuar y reaccionar, que llevan a la rigidez, a un agarrotamiento de determinadas áreas musculares. Y, cuando se producen estos bloqueos emocionales, que rigidizan y acorazan al cuerpo, la energía se acumula y estanca. Lo que puede conducir a la manifestación de diferentes tipos de enfermedades. 

Ahora bien, la energía, además de ser acumulada, puede ser producida, dirigida y utilizada para el tratamiento y la prevención de enfermedades. Esta energía se produce en el organismo, básicamente, a través de la toma de alimentos, la respiración y la absorción de rayos solares por medio de la piel. Y luego se la utiliza para diferentes actividades, ya sean corporales, mentales, emocionales. Luego, una parte de ella es excretada, o es convertida en calor, que se irradia al medioambiente.

Pero la utilización de la energía en el organismo puede llegar a ser refinada. En principio, puede ser mejor administrada. Porque, cuando existen bloqueos, represiones, tensiones, etc., el cuerpo necesita mucha más energía de la que requeriría de un modo relajado. Y, al liberarse de los obstáculos (físicos, mentales, emocionales) no solamente permite que la energía circule con fluidez. Sino que también se logra administrarla de un mejor modo, en cualquiera de las actividades cotidianas que puedan realizarse.

Por lo general, los bloqueos y represiones esconden un sentimiento de miedo. Desde pequeño se aprende a tener miedo. Se tiene miedo al castigo o al rechazo de los demás por no ser como quieren los demás. Ello produce odio; un odio que, socialmente, también deberá ser reprimido. Todo esto se traduce en un temor al movimiento y la expansión, con ciertas resistencias a las técnicas que puedan liberarlos. Por ello, resulta sumamente importante tener en cuenta los avisos del cuerpo, que indican cuáles son las restricciones que se tiene. Para hacerlas conscientes y tener en cuenta el propio comportamiento que lleva a la represión emocional, mental, corporal y social.

Tal como se dice en el párrafo anterior, desde que nacemos, nuestras emociones y sentimientos son regulados externamente de diferentes maneras. Y esto genera represiones, que llevan a una modificación de la respiración. Se vuelve más restringida, los músculos se tensan; y aumenta el consumo de energía para poder mantener la rigidez del cuerpo. En vez de lo que ocurriría si se liberaran las tensiones. Porque, de este modo, la energía fluiría por todo el cuerpo y se refinaría su uso, aprovechándola de un mejor modo.

Cabe aclarar que, a nivel fisiológico, las contracciones son causadas, principalmente, por la excitación del sistema nervioso simpático; y éstas son experimentadas en el organismo como ansiedad. En cambio, el sistema nervioso parasimpático es el encargado de producir sensaciones de expansión, que se siente más placenteras y relajantes. En este sentido, las prácticas de meditación y de cultivo de la energía son las que permiten, en principio, la relajación. Para que se liberen las contracciones y pueda circular la energía. Se trata de técnicas para remover las restricciones que impiden el flujo de energía a través del cuerpo; y, así, poder restaurar (o, mejor dicho, optimizar) su funcionamiento. 

Una de las técnicas efectivas, para superar el bloqueo generado por las contracciones, es la respiración relajada y consciente, acompañada de movimientos suaves y armónicos. Incluso, la respiración permite el aumento de la energía, al favorecer que el sostenimiento de los bloqueos sea mucho menor y puedan superárselos. Por ello, se tiene que respirar a un ritmo constante, sin forzarse; hasta que, suavemente, cada vez resulte más profunda y placentera. 

Entonces, sin forzar, se puede ejercitar una coordinación del movimiento de las extremidades junto con el ritmo respiratorio. Por ejemplo, al inhalar, se pueden elevar los brazos y estirar las piernas; y, al exhalar, bajarlos y flexionar las rodillas. Todo este ejercicio, realizado de un modo suave, permitirá que, gradualmente, la respiración se vuelva más profunda. Y, además de tonificar adecuadamente el aparato locomotor, de regular el sistema cardiorrespiratorio, de relajar el sistema nervioso, de aumentar las defensas del sistema inmunológico y potenciar la actividad del sistema nervioso parasimpático, con esta práctica también se liberará, paulatinamente, el sostenimiento de las contracciones innecesarias.

Sin embargo, para el desarrollo de la práctica anterior, se debe proceder muy lentamente, ya que los avances son a medio y largo plazo. Debemos tener presente que el cuerpo rígido está acostumbrado a la inmovilidad; y, constantemente, tratará de volver a ese estado sedentario. Por ello, hay que acostumbrarlo gradualmente, para que mejore emocional y mentalmente; y nuestra energía fluya libremente del mejor posible por todo nuestro organismo.

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